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Resumen

Abstract

Una opinión sobre los acontecimientos del Norte

Hoy, como siempre, nos guía el afán de informar con la mayor imparcialidad sobre los hechos más notorios de nuestra vida pública, turbia y mezquina. De acuerdo con estas normas, hemos tratado de conocer el pensamiento de Contreras Labarca, Secretario General del Partido Comunista, respecto de varios problemas de interés verdadero. Pero, ante la imposibilidad de conseguirlo, por causas ajenas a nosotros, adelantamos, por ahora, las opiniones del dirigente de la clase media, señor Hidalgo.

–¿Cuál es su opinión de los sucesos de la Zona Norte?

–Se ha afirmado que lo de Copiapó ha sido un movimiento de carácter comunista y esto lo desmiento categóricamente. Los tildados de comunistas son algunos demócratas envalentonados y luego traicionados por Villouta. En cuanto a lo de Vallenar, ha sido una matanza infame. Según informes verídicos que tengo, en la noche del 24 de Diciembre se habían congregado algunos obreros comunistas a celebrar la Pascua en su local; y allí llegaron los carabineros con el insólito propósito de desalojarlos. Este acto de fuerza suscitó la más enérgica negativa de parte de los que estaban pacíficamente reunidos en su hogar social; entonces los carabineros los dispersaron matando a cuatro obreros y dejando a su vez un muerto y un herido. Después de esto los carabineros, enardecidos se fueron a las casas de los sindicados de comunistas, los sacaron violentamente con el pretexto de supuestos interrogatorios y los condujeron a los alrededores del pueblo en donde los fusilaron en número de cuarenta y dos.

–¿Y la dinamita, bombas y ametralladoras que, según la prensa seria, existía en el local?

–¡Son farsas!– exclama con vehemencia el señor Hidalgo.– Se ha hablado a los cuatro vientos de que los obreros tenían almacenado un verdadero arsenal; pero en el hecho no han aparecido por ninguna parte esos armamentos. Algo idéntico pasó con los quince camiones soberbiamente equipados que, según los diarios, sirvieron para atacar el cuartel del Esmeralda. Esos camiones, ahora, se han hecho humo...

–¿A qué obedece, a juicio suyo, esta discrepancia entre las versiones de prensa y la realidad?

–Creo que se trata de un plan combinado con la finalidad oculta de ahogar en sangre el comunismo que empieza ya a prender en las masas chilenas. Observen Uds. el hecho revelador de que el comunismo es una doctrina que ataca de frente al imperialismo y comprenderán de sobra la suma de poderosos intereses políticos, sociales y económicos, aptos para confabularse contra cualquier avance del comunismo. De que existía ese plan o que por lo menos, había interés en suscitar una depresión, lo prueban esas bombas estalladas en iglesias de Concepción y aquí mismo en la Catedral de Santiago, atentados que la prensa se ha apresurado a cargar en la cuenta de los comunistas. Esto es ridículo. Con ello se pretende mostrar a los comunistas empeñados en una ardiente lucha antirreligiosa, cuando, en realidad, la religión nunca les ha interesado. Uds. saben que en Rusia se permite adorar a cualquier Dios por muy burgués que sea. Además, los comunistas no aceptan los atentados personales, porque creen que no conducen a nada definitivo. Mucho menos se interesan por fomentar motines, porque saben con clarividencia que eso, dentro de los regímenes capitalistas, precipita el fascismo. Aquí en Santiago está organizándose ya el fascismo. Tengo, en efecto, documentos que me prueban que en la comuna Providencia, existe una organización fascista capitaneada por el alcalde en persona. Insisto en decirles que la atmósfera de terror creada en torno al comunismo, es una pura maniobra política a fin de tener pretexto para la consiguiente represión. Esto no es ni siquiera una novedad en Chile. ¿Quién no recuerda lo sucedido bajo la Presidencia de Alessandri en las oficinas salitreras de Coruña? Allí, con análogo pretexto, ultimaron a dos mil obreros y la prensa azuzadora, juró entonces que los comunistas habían tratado de implantar el Soviet en esa zona; se habló, como ahora, de cuantiosos armamentos; y hasta se llegó a decir seriamente que los comunistas estaban provistos de gorros y pellizas a la usanza rusa...

–¿Qué rol le atribuye Ud. entonces a Villouta?

–Este individuo ha jugado idéntico oficio que el del agente Werth en el atentado del puente del Maipo. Villouta ha sido tres veces expulsado del Ejército y es probable que, queriendo congraciarse con sus superiores, se haya prestado para esta ruin comedia. Me aseguran que en la noche del 24 de Diciembre a las diez, fue a decirle al practicante Meneses que era la hora de proceder y que se apoderaran del cuartel. Condujo así a un puñado de crédulos a una celada en la cual él iba a aparecer más tarde como un glorioso defensor del regimiento.

–¿Qué porvenir le ve al comunismo en Chile?

–¿Por qué sólo en Chile? Es algo universal. Asistimos a la quiebra ineludible del régimen capitalista. Los mismos sostenedores de este sistema empiezan a vislumbrar la crisis fatal y procuran su salvamento mediante nuevas concepciones que tienden a socializar en apariencia conservando la íntima estructura capitalista. Pero tales paliativos no salvan ya a un régimen en descomposición. Y, como Chile pertenece al conglomerado mundial, por fuerza tendrá que amoldarse a los hechos en marcha. Eso sí que en Chile se ha producido un retardo en las aspiraciones del proletariado, debido a la amorfa dictadura de Ibáñez. Pero el afianzamiento del régimen capitalista bajo Montero ha engendrado correlativamente la oposición del proletariado. Marx ha dicho con videncia genial que el capitalismo lleva en su propio seno los elementos de su propia descomposición. En efecto, toda concentración capitalista crea su contrario. En Chile es visible esto en las zonas salitreras y carboníferas en donde los obreros tienen conciencia de su rol de defensa. Esos mismos obreros desparramados en las zonas centrales pierden el espíritu combativo y revolucionario que da la concentración de masas.

–¿Cree Ud. en una revolución próxima en Chile?

–Creo que se avecina una revolución pequeña, burguesa. La clase media que tiene mentalidad e intereses propios, no coincidentes con los del proletariado, está descontenta y se jugará por entero en una revolución de carácter reformista. No sería extraño que esta alteración diera paso a su vez a la verdadera revolución comunista.

¿Y no estima Ud. que oportunas reformas hechas por los actuales hombres de Gobierno alejarán el fenómeno social que usted prevé?

–No lo creo. No es cuestión de reformas ni de hombres, sino transformación total del régimen. Ya se han dictado aquí medidas de alivio, como la moratoria, la emisión de bonos, el alargamiento de plazos de las hipotecas, etc.; pero son medidas transitorias y todo lo que hacen es estirar la agonía del régimen. No hay mejoría posible cuando el imperialismo yanqui controla la luz, la fuerza eléctrica, las salitreras, las minas de cobre y otras actividades fundamentales, sin contar seiscientos millones de pesos en bonos. En una palabra, la casi totalidad de la economía chilena. La única solución que entreveo, sería la socialización de la tierra. Es irritante que teniendo Chile capacidad para nutrir a 40 millones de seres humanos, haya en esta hora más de trescientos mil hambrientos. Pero el régimen no resolverá éste ni ningún otro problema vital. Su voluntad se prueba con este hecho de sombría elocuencia: mientras el Ministro Blanquier solicitaba del Congreso autorización para castigar los sueldos en un 36%, enviaba otro proyecto de ley rebajando el impuesto global a la renta. Es decir, al mismo tiempo que se reventaba a los asalariados, se les procuraba un alivio más a las clases poseedoras. Ahora mismo, la reciente ley contra la cesantía empieza gravando los sueldos ínfimos. ¡Y crea Ud. en la buena voluntad de los gobernantes! La rebaja del impuesto a la renta es una inmoralidad que retrata al régimen. La mayoría de las grandes rentas son de capitalistas extranjeros y por ello son intocables; cada vez que algo amenaza a los estrujadores, entran en juego misteriosos resortes. El petróleo es un caso típico. Chile podía haber traído petróleo de Rusia a cambio de salitre y refinarlo aquí; pero hubo un consorcio extranjero que ofertó cien millones de pesos con tal que no se estableciera ese negocio por cuenta del Estado. Podría multiplicar los ejemplos. Los sostenedores del capitalismo no tienen más mira que el reparto. Consideran a Chile como una hacienda propia y estrujan firme. Son rigurosamente lógicos dentro de su mentalidad capitalista. Da vértigos mirar los sueldos con que se regalan algunos de los administradores de esta mansa hacienda. El señor Houston– presidente de la Cosach– gana 400 mil pesos anuales. Cada consejero de esa institución se mama 80 mil pesos. Se explica así el delirio de los hombres por repartirse los puestos públicos, ya que así están más ágiles para saltar a las más altas granjerías. Naturalmente estos hechos son ocultados o sabiamente aderezados por la prensa nacional, porque la prensa está organizada para defender a los que triunfan. Si mañana cayera el capitalismo y lo reemplazara el sistema comunista, tengan por cierto que los grandes diarios empezarían así sus honrados editoriales: “Por fin ha caído un régimen nefasto...”

–¿En su calidad de dirigente, Ud. se ciñe estrictamente a las directivas de afuera?

–Yo estoy con la III Internacional; acepto la línea política que ésta indica, pero procuro adecuar sus directivas a las modalidades de nuestra idiosincrasia. Si la III Internacional nos indica que debemos acelerar el proceso contra el imperialismo yanqui, aceptamos esta norma; pero el método, la estrategia, para lograrla, nos corresponde elegirlo a nosotros. No se puede dirigir un movimiento social desde afuera. Además, esto crea dirigentes a medias, sin iniciativas y sin conciencia de sus responsabilidades. Prefiero ser responsable de mis actos aun a riesgo de equivocarme. El comunismo tiene sus exageraciones. Por ejemplo, nos ha sistematizado el lenguaje. Hay quienes me llaman traidor porque he dicho alguna vez “nuestras industrias”. No podemos aceptar todo lo ruso sin digerirlo. Aun el mismo proceso de la revolución es peculiar de allá, aquí lo modificarán substancialmente; nuestra estructura económica, mentalidad y costumbres. Hay que tener presente que en Rusia la revolución prendió con rapidez porque las clases dirigentes estaban en un agudo período de descomposición que les impidió resistir con éxito, porque el país era susceptible de producir todo lo indispensable para subsistir y finalmente, porque Rusia era y es una potencia poderosa, capaz de decirle a cualquier Gobierno extranjero: “¡aquí mando yo!”